La agenda del cambio: ¡Robitussin con sabor amargo!

09 enero 2009 - 20:05 por kevin

Categorías: economía, política | Trackback

“Qué padre dejaría a su hijo enfermo…”. Así justificó Fortuño las medidas que ha de tomar ante la actual crisis económica. Añadió que nuestra economía enfrenta una enfermedad y, por más amarga que sea la medicina, hay que tomarla. Explicó que él, como “padre”, nunca dejaría de dársela a su hijo por el mero hecho de su sabor amargo. El Gobernador olvida que más importante que el buen o mal sabor de la medicina es el tipo de medicina que decida recetar el doctor. El discurso del Gobernador nos adelanta que no nos va a agradar el sabor de las medidas un tanto republicanas que ha de tomar, pero ¿a quién le va a agradar una medicina que no cura a nadie?

Con un discurso plasmado de lugares comunes, frases trilladas y vergonzosamente similares a las del presidente electo de los EEUU, nuestro Gobernador hace alardes de una agenda de cambio, apoyada en los principios, un tanto desacreditados, de la economía clásica liberal. Como si fuésemos a olvidar el suicidio en masa -tipo Waco, Texas- que realizaran John Stuart Mill, David Ricardo, Adam Smith y Hayek tras el reciente frenesí de los mercados financieros, el Gobernador pretende salvar al país usando medidas reduccionistas y de las fuerzas supuestamente creativas del mercado que hastiadamente ha rechazado este pueblo.

Para añadir a la confusión interna de los puertorriqueños/as, éste pretende llamar a los grupos sociales de nuestro país por nombres que consagran los liberales para negar su verdadera posición de clase. El Gobernador llamó héroes que dan su trabajo día a día a los trabajadores, sin nunca tener el coraje de llamarles propiamente trabajadores. Es como si fuese “cafre” incluir tanto a un obrero como a un profesional asalariado dentro de la clase trabajadora. Pero más nos trina en los oídos que pretenda que los “dueños” de nuestro país son los únicos gestores individuales del poder creativo económico. Debemos rechazar el uso de estas tipologías genéricas y hacerle saber al Gobernador que los/as trabajadores/as no son un grupo de héroes de tirillas cómicas y que, aludiendo a éstos por nombres pasionales o presuntamente nobles, no va a suprimir su conciencia de clase. Los/as trabajadores/as son los verdaderos filántropos de nuestra economía; dan su trabajo para que pocos se enriquezcan a cuenta de muchos.

Cuando el mundo entero espera una mayor intervención del Estado en la economía, el Gobernador pretende achicarlo todo y, con ello, aniquilará a aquellos que carecen de recursos económicos y que son ampliamente vulnerables a los vaivenes de la economía. Si aún el Estado no los ha podido alcanzar, mucho menos lo hará el mercado. La agenda del cambio parece basarse en una sola idea, reducir el Gobierno. ¿Qué clase de política económica es ésta? La dinámica económica de nuestro país no responde a un gobierno más grande o más pequeño, sino a un mejor gobierno. La experiencia de nuestros países vecinos latinoamericanos nos debe servir de ejemplo para entender que fórmulas que pretenden balancear el presupuesto y recortar gastos, en momentos de recesión y descontento social, son ineficientes para la creación de nueva capacidad económica. Más aun, el obvio fracaso de la agenda desreguladora de los “Chicago Boys”, la ola de izquierda que arropa a Latinoamérica y el aparente cambio político en EEUU nos deben dirigir en una sola dirección, convertir al Estado en gestor de políticas que promuevan profundas transformaciones sociales y no suplantarlo por el comité ejecutivo de la burguesía.

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