El discrimen… en blanco y negro
El Senado de Puerto Rico no permitirá que las parejas homosexuales adopten ni se casen… y no dejará ningún leguaje gris. Así afirmó el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz.
Resulta que el Senado, o en su defecto, su Presidente, es claro, preciso y contundente a la hora de discriminar. Si algo pudiese aplaudirse de su posición, es eso. Que no es ambivalente y no pretende escudarse detrás de los subterfugios convencionales, él discrimina y ya.
Sin embargo, cabe cuestionar por qué. ¿Realmente el Presidente del Senado, es un conservador de tal envergadura que cree firmemente en la santidad del matrimonio? ¿Entiende el Presidente del Senado que una pareja homosexual no puede ofrecerle el ambiente de seguridad y amor necesario para que un niño pueda crecer sano y competente?
No estoy seguro de poder contestar dichas preguntas en la afirmativa. Su trayectoria no deja claro eso. Lo que sí deja claro su trayectoria es que es un oportunista político sagaz; un estratega astuto y amoral.
Parece más certero atribuir la contestación a esas preguntas, dado su trasfondo, al hecho de que el Presidente del Senado encontró en la ultra derecha cristiana y su periferia aliados políticos incondicionales, siempre y cuando defienda el más sagrado de sus postulados: el discrimen por orientación sexual. Y si acaso, puede hacerlo ver como bueno, mucho mejor.
Como el Presidente del Senado es muy bueno en lo que hace, y cuando lo hace, lo hace bien; lean la siguiente cita:
“Aquí en el Senado no le vamos a dar paso a ninguna enmienda que tenga que ver con matrimonios del mismo sexo y dándole derechos que no tiene nadie más. La comunidad gay y lésbica tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano“. Tienen exactamente los mismo derechos”, dijo.
Los homosexuales no se pueden casar, le recordó una periodista.
“Los heterosexuales tampoco se pueden casar con personas del mismo sexo”, contestó el presidente del Senado.
¡BRAVO, Señor Presidente; bravo!
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